Henry: “Échale semilla a la maraca pa’ que suene… cha cu cha”
A Salango...
Bueno, estoy lista.
Casi dos meses después he postergado este momento hasta hoy.
Me siento ante estas teclas y percibo lo mismo que sentía
cuando te ponías detrás del respaldo de mi silla para ver lo que escribía.
-Escribes igualito a
mí, es sorprendente…
-¿El estilo?,
-Noooo…la velocidad”
Papá no era tan dulce como parecía, se tenía que ser muy valiente
para ser tu hija.
Apareciste un día en mi casa después de dar a luz a José
Miguel y me dijiste:
-
¿Quién es este atravesado?, ¡yo quería una nieta, y encima con ojos azules!!…Van
a creer que me he robado ese niño si lo saco yo solo a pasear…
Años después tu vikingo sería tu confidente, casi, casi el
mejor amigo. El alcahuete del teléfono con las chicas, el anzuelo en los
centros comerciales para ligar.
Ahora que sé que me miras “todo el tiempo”, me siento más
vigilada que nunca.
Comprendo que nunca te sentiste del todo conforme con mi
manera de ser y de pensar.
Cuenta la leyenda que estabas muy orgulloso de mi, que
últimamente habías conversado sobre la posibilidad de estarme “admirando”... y yo
que te conozco “mosco”, se que hubieras preferido que fuera una loca a tu imagen y
semejanza.
Se también que las cosas en que fui rebelde contigo y que
más te joden es haber sabido que me resistí a ser promiscua, viciosa, “hipposa”
y a exponerme en público solo para no ser como tu. En eso fallaste, debiste haber
sembrado mejor en mí la semilla del desorden.
No quiero repasar las líneas anteriores. Supongo que hay
reclamos que no te esperabas y sentimientos que sabías que me estaban matando.
En realidad te confieso, siempre pensé que iba a irme
primero que tu. Me encantaba cuando con
tus manos sobre mis hombros me decías que estaba “cargada” de estrés, que no
sabía vivir, que tu eras más fresco y por eso ni las balas podían matarte.
Tenía 12 años cuando un día me llevaste a tu oficina y sacaste un acetato de
Leonardo Favio… “Acordate de olvidarme, yo te lo pido…que una bala me espera en
cualquier sitio”…y yo me pregunto, si estuviste contento de irte por un paro
cardiaco y no por un tiro. Cuantas veces planeamos qué hacer en medio del
atentado, como yo me escondería bajo el asiento del copiloto y tú saldrías a
sangre y fuego, mientras yo cargaba una pistola y les daría “matute” a todos en
venganza. No quedaría uno.
También planeamos mil veces, como en medio de una conmoción
cerebral, si llegaras a quedar vegetal, yo tendría que desconectarte, no
querías estar pegado a un aparato para sobrevivir y me hiciste jurarlo.
Traidor. Ahora sé que lo hiciste
prometer a mis hermanos, nietos, a los amigos y hasta a los desconocidos. No dejaste
puntada sin dedal.
Lo que me tranquiliza, en serio, es que no sufriste. Esa
sensación de que fue una muerte plácida, de cinco minutos a lo máximo me explicó
el doctor. Sólo pocos sabemos lo feliz que estabas y el porqué en ese preciso
instante. Por tanto si creo que lograste hacer las paces con Dios y que te dio
un pase de una forma muy amable al otro lado.
Últimamente estoy muy desubicada, hablo en pasado y presente
como si no hubiera diferencia. Te nombro y no atino a decir… “mi papá era, o mi
papá decía”…tengo el tiempo pasado en modo difícil.
Si me preguntas de qué me arrepiento. Quizá de no haber ido
más frecuentemente a estar contigo en estos dos últimos años. Cuando venías a
Quito últimamente ya no peleábamos como novios. Me arreglaba muy bien para que
no digas que estoy gorda, que estoy con cara triste o amargada, era como
esperar a un viejo amigo que nunca tuvo contigo palabras de hipocresía. Al contrario
siempre dijiste lo que pensabas de mi, tal cual, y por eso, cualquier desición
en mi despelotada vida, pasaba por tu observación.
En el último año, cuantas veces nos dijimos “te amo”… ¿presentíamos?, atesorábamos quizá cada momento para después.
Como si aquel divorcio de afectos de años, nos hiciera vernos hoy como lo que fuimos
dos personas “grandes” con derecho a ser felices como bien nos parezca.
El amor es extraño. Nos toma años comprender que es un
sentimiento que abarca mucho más que la estrecha visión de pareja. Yo te amé y
ahora comprendo que eres el referente de amor que le puse a todo, a mi carrera,
a mi manera de ser mamá, a mis palabras, a mis acciones. Siempre intentando
pensar en lo que tú harías o no harías. Buscando ser distinta a ti, hice gala
de la estirpe Holguín siendo como tú en tantas otras cosas.
Tuve que meterme una dosis de Lavoe para escribir esto. Por
que solo Lavoe nos comprendía a ambos. Por que esa dosis de humor negro,
sangre, celos y presentimientos mortales es la maldición que ha marcado nuestras
historias.
Tu comadre Sarita, la pelirroja que adoraste, todas las
noches conversa contigo. Quisiera tener ese espíritu de niña y creer que me
escuchas, que me ves. ¿Puedes escucharme donde estás?, ¿Cuánto vale un Cielo
azul, si un día le falta ser Sol?...
Como no podía ser de otra manera, desataste una tormenta. Es
una tormenta que viene lloviendo desde el 7 de Diciembre. Los Holguines hemos
sacado lo mejor y lo peor de nosotros, los amigos han demostrado cuanto te
querían y los que no lo eran han “pelado el cobre” tal y como lo anticipaste
siempre.
Allá con Lavoe, con Tito Puente, con Celia, con Saramago,
con Proust, con Facundo, Mercedes, con Bukowski, Dante y con el mismo demonio has de
estar convenciendo a Jesús de hacer una farra en el cielo. Suenan las campanas
de la salsa con su “titicó” y hacen el pasito “cañandonga”. Cielos y etapas más
arriba te pegas una vuelta a saludar a Guillo, comparten impresiones sobre lo
que ha sido de las vidas de quienes nos quedamos sin ustedes y critican, par de viejitos
chismosos, ya sin prisa, cosas como que
no te revisaron la ropa antes de meterte al cajón, ni te hicimos el bien de
ponerte la camiseta de tu Barce.
Se que no te gustaba que te diga Henry, te morías de rabia
por que lo considerabas una falta de respeto para contigo. Ahora te puedo decir
como me de la gana, y sonrío con la cara que te encantaba que ponga, con la que
te convencí, desde llevarme a una fiesta a los 16 años, hasta de dejarme vivir
contigo un tiempo cuando se me separé.
Donde estés, Henry…mi pana, mi amor. Échale semilla a la
maraca para que suene y déjanos saber que tu energía, tu risa, tus abrazos y tu
espíritu siguen con nosotros…porque, “sin negro, no hay Guaguancó”.
Comentarios
Mik
Here is my blog post: tumblr