El único Hombre de Acero que conocí
(Hasta que le llegó su criptonita)
Este fin de semana se estrena Superman, Man of steel y también será
el día del padre, fecha que este año se presenta odiosa e invivible en medio de la
tristeza, porque hace seis meses que mi padre se fue.
Perdón a quienes se ofendan pero, Henry Holguín, fue el verdadero Superman, un hombre de menos de 1,60 de estatura, flojo
para los deportes, extremadamente flaco en su juventud y extremadamente gordo
en su adultez. Mi padre era capaz de comerse tres bandejas paisas, dos tortas
mojadas de chocolate de sweet an cofee y mandarse medio lechón en Navidad. Si
eso no es tener el estómago más fuerte de la historia no se que lo sea.
Cuando tenía 36 años se cayó de la moto que siempre conducía
como loco y se rompió el brazo izquierdo,
estando con yeso ese mismo año (25 de febrero de 1985) dos sicarios lo
agarraron en la calle 11 oeste del Aguacatal en Cali, a las cinco de la mañana
y le metieron a quemarropa 7 balazos que impactaron en diferentes lugares muy
peligrosos, entre ellos la femoral, el brazo roto y también recibió un último
disparo en la boca. “Para que no hables más HDP…” le dijeron.
Mi padre encabezaba en ese tiempo una campaña propia desde
Radio Súper de Cali para que los ciudadanos no se dejaran subir los servicios
públicos, so pretexto de obras y arreglos que no se veían en la ciudad. Convocó
a miles de caleños a las calles y a quemar sus recibos de servicios públicos en
montañas frente al edificio del CAM. Federico Obirne, el gerente en ese entonces de las Empresas
Municipales, y actor confeso del atentado contra mi padre, no pudo aguantar a
un chiquito tan bullanguero y molestoso como mi papá, que era escuchado por
cientos de miles de caleños y vallecaucanos. Tuvo que mandarlo matar.
Pero una vez más, el hombre que sobrevivió a perderse en la
selva a sus 24 años haciendo el recorrido de la novela, “Mi Alma se la dejo al
diablo” de Germán Castro Caicedo, el hombre que se inventó la historia de la
Machaca, el periodista que movilizó a toda la prensa internacional ante la
sospecha de que el Nazi Martín Bormann estaba en los Llanos Orientales de
Colombia, se levantó de 7 balazos, con su garganta intacta a seguir dando lora.
Años después, con la ayuda
de una loca de 16 años, organizó una marcha denominada “Cali no es solo coca”.
Que pedía dejar de satanizar a una de las ciudades más lindas del mundo por el
hecho de tener un cartel del narcotráfico. Yo lo vi, treparse delante de la
limosina del entonces presidente Belisario Betancur para pedirle una audiencia
y que lo dejara hablar ante el congreso y hacer valer sus ideas anti imperialistas.
Hicimos un letrero gigante que puso sobre la casa donde vivíamos que decía “Yankees
Go Home”. Nos intervinieron los teléfonos, tuvimos que andar todos con chalecos
anti balas. Fueron tiempos épicos.
Por eso 23 operaciones después; una de ellas a corazón
abierto, hipertensión, diabetes y varias visitas a cuidados intensivos, para
luego salir “papelito” a tomar wisky, dirigir el diario de mayor circulación
del país y fumarse cuatro “baretos” diarios, yo me pregunto cómo es que un
guapito, de licra pegajosa y chulo en la frente osa decir que es el hombre más
fuerte del mundo.
"yo me pregunto cómo es que un guapito, de licra pegajosa y chulo en la frente osa decir que es el hombre más fuerte del mundo..."
Mi padre fue el único Hombre de Acero, el más hermoso espécimen
humano que he conocido, sin bíceps, flojísimo para mover hasta una silla, pero
el más valiente de los hombres. Como a todo Superman le llegó su criptonita. No
sabría decir si ella también se envenenó con su carácter o si ambos terminaron
por matarse un poco. Finalmente el amor fue la única fuerza que derrotó a mi súper
héroe favorito, pero creo que en el fondo ese final tiene la esencia poética
que merecía esta historia.
Feliz día a mi hombre de acero, el único que demostró con
sus lágrimas y su amor que el más fuerte no es el que pega más duro, sino el
que defiende sus ideales hasta la muerte.



Comentarios
Es que el compromiso de este hombre, de este Supermán, estuvo siempre de parte de los necesitados, y nunca en su vida se dejó encasillar con etiquetas de "buenos" o "malos", "pobres o ricos" "liberales o conservadores": simplemente creía en la justicia, en la verdad.
Bello homenaje, Marcelita, a tu padre, mi hermano.