Operada y mutilada: ¿Por error?
No todos los médicos son éticos...
Ante toda la polémica desatada en torno al trato ético de los médicos hacia sus pacientes y la insistente ola de apoyo a los doctores por su posible enjuiciamiento en algún momento de su carrera por la “mala práctica médica” me siento en la obligación de compartir mi historia para que se conozca la otra cara de la moneda. La cara de quienes en algún momento confiamos nuestros cuerpos a los doctores y salimos defraudados.
En 2011 visité un conocido hospital de la ciudad de Quito
por unas hemorragias frecuentes en mi periodo menstrual. Siempre tuve
diagnóstico de útero poliquístico pero esta vez los dolores eran mayores y
prácticamente no podía seguir viviendo ni trabajando así.
Fui atendida por mi seguro médico privado en unos
consultorios muy elegantes, por un ginecólogo que me aseguró que la única
salida era la operación de útero, con la finalidad de retirar los dos quistes
que me estaban molestando y poder seguir
con mi vida normal.
Sería una operación de rutina, solo un día de internamiento
tras la operación y luego a casa a seguir con mi vida normal.
Ese día, 26 de diciembre de 2010, llegué muy temprano en la
mañana y hablé con la anestesista, estaba muy nerviosa porque me asusté la
noche anterior con un artículo de
Internet que hablaba de los doctores que “sacaban úteros” para cobrar más en
otros países. La doctora me planteó la posibilidad de hacerme una anestesia general
para estar más tranquila y acepté.
Minutos antes en el quirófano llegó mi doctor. Lo único que le pedí, le
rogué y le supliqué es que no me saque el útero. En ese momento sonrió y me dijo que solamente
pasaba en personas que estaban muy mal, que yo solo tenía quistes, que estemos
tranquilos.
Pasaron dos horas…
Al salir estaba en cuidados intensivos, había perdido mucha
sangre me dijo la enfermera y estaba muy fría. La anestesista fue a verme y mirándome
a los ojos me indicó que habían “tenido” que sacarme el útero en la operación.
Pedí hablar con mi doctor pero ya no estaba en la clínica.
Cuando me pasaron a la habitación la cara de mi madre era de
preocupación extrema y de tristeza. Me
dijo que el doctor salió durante el procedimiento y le dijo que mi útero estaba
muy grande, del tamaño de una pelota de fútbol. Que le firmara la autorización
para sacarlo porque yo estaba muy mal y era riesgoso dejármelo así. Mi madre consultó por teléfono con mi papá que
entonces aún vivía y juntos decidieron
CREER EN ESE MÉDICO Y DARLE SU VOTO DE CONFIANZA CON UNA FIRMA.
Cuando el doctor finalmente me dio la cara en el hospital me dijo sonriente que yo ya
tenía dos hijos, que me había dejado los ovarios para no tener efectos de
menopausia y que por último, “para
qué quería un útero deficiente”, incluso me dijo que en tres meses más hubiera
tenido un cáncer si me lo dejaba. Esta explicación no me dejó satisfecha y
comencé a indagar.
La biopsia del útero extraído dice específicamente que el órgano estuvo
dentro de los parámetros normales de tamaño y de textura, no había ningún
indicio de células malas o cancerígenas. Solo detalla los dos quistes que
supuestamente tenían que sacarme. Es decir, ¡era un órgano normal!
Debido a la gran cantidad de sangre que perdí me tuvieron
que hacer transfusiones en el hospital pero no me recuperé del todo, mi cuerpo
ya no quería responder, me quería morir. Sentía que mi vida como mujer estaba
acabada, entré en una profunda depresión que me costó varios meses de
recuperación.
El doctor que me operó, al que acudí tres veces más, siempre
trató de calmarme diciendo que por mi edad, en ese entonces 36 años; era
suficiente para dejar de pensar en tener hijos, decidiendo siempre por mí y
pensando por mí, lo que era más conveniente. Que no necesitaba el útero para
nada, incluso cuando le hablé de mis investigaciones sobre la pérdida de
sensación durante el orgasmo en mujeres
sin útero me miró indignado y escandalizado diciendo que no conocía de estos “efectos
colaterales”.
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| Segundo chakra, conciencia de ser. |
Por mi operación se ganó alrededor de 2mil dólares más de lo
que hubiera recibido por sacarme los quistes. Hace poco encontré una ginecóloga
en esta misma ciudad a la que regresé
con todo el temor del mundo. Ella me dijo que al doctor que me operó le tienen
como apodo en el gremio el “saca úteros” y me dio la razón, dijo que finalmente
lo que me hizo aquel doctor fue una canallada por dinero.
Solo escribo esto para decirles que alguien tiene que parar
este tipo de prácticas y regular de alguna forma el modo en el que nos
relacionamos pacientes y doctores, para no sentirnos luego tan traicionados y
dañados que no podamos volver a un médico. Si la Ley que sanciona la mala
práctica médica ya estuviera en vigencia, yo podría escribir esto indicando
nombres de clínica y de doctor sin ningún temor a represalias.
Estamos de acuerdo. Ninguno sale a matar, ninguno sale a
dañarte, pero de existir alguno dentro
de todos estos buenos médicos que lo
hace perjudicándote, con premeditación y alevosía, debe ser sancionado.
Espero que mi historia le sirva de reflexión a un país
convulsionado que siempre se pone del lado que la tendencia dicta y a veces se
olvida de quienes hemos vivido el otro lado de la historia.

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